Aunque el vocabulario del español es muy extenso la mayoría de los periodistas en Colombia insiste en usar siempre los mismos términos y las mismas frases. En alguna época primó en los medios de comunicación el estilo y el lenguaje Garcíamarquiano donde todo olía a Macondo. Ahora prima un estilo seudopoético, muy cursi (del cual Pirry es el mayor exponente), y un lenguaje repetitivo tomado como norma gramatical. La noticia escueta sin tanto adorno es ya una rareza, se impone la floritura empalagosa. Es paradójico que sean los periodistas quienes menos conozcan el idioma y lo atropellen tanto. Olvidan una gran responsabilidad inherente a su profesión: cualquier acierto o error que cometan se multiplica. Las noticias llegan a todas las clases sociales de la población y no deben redactarse con un estilo muy acartonado o pedantesco pero tampoco con la pobreza actual. Aunque el contagioso mal no es exclusivo de estos tiempos pues Séneca escribió sobre el tema en sus Cartas Morales a Lucilio: “Cuando el espíritu se ha acostumbrado a desdeñar las cosas acostumbradas, hasta el punto que todo lo usual se convierte en vil, se busca también la novedad en el habla, y ya se resucitan palabras antiguas fuera de uso, ya se descomponen otras muy conocidas y por lo tanto alteran a capricho el sentido de las frases, ya se tiene por culpa la metáfora audaz y frecuente, lo cual ha estado últimamente a favor”. Lucas, el personaje de los cuentos de Julio Cortázar, detesta algunas palabras, yo muchas. Unas me irritan, otras me dan risa y algunas me ofenden. Algunas son usadas insistentemente hasta volverse indispensables, otras han perdido su significado original por su indebido uso, por malas traducciones, o por la afectación de los hablantes pues las palabras no nacen solas, nacen de alguien. El amaestrado público - no importa la condición social, el bagaje cultural o la importancia de las personas - repite el estrecho lenguaje de los medios, especialmente el de los noticieros. Hay cierto engreimiento al usar las palabras de moda, la gente se siente muy actual y pasa por culta.
Hay palabras y frases que han sido reemplazadas por otras cuyo significado es dudoso, incorrecto o simplemente no existen. Una de ellas es “al interior de”. Algunos gramáticos la consideran un idiotismo, yo califico de idiotas a quienes la usan. Este engendro idiomático desterró a las preposiciones en, dentro, y dentro de. Ahora se usa “al interior del congreso”, “al interior de la comunidad”, “al interior de la cárcel”, “al interior de la internet” y no en el congreso, en la comunidad, en la cárcel o en la internet. Por lucirse un periodista concibió un engendro imperdonable: “al interior de uno mismo”. En cumplimiento de esta nueva norma gramatical debería cambiarse el nombre del Ministerio del Interior a “Ministerio al Interior”. El sustantivo implicado y el verbo implicar ya están fuera de circulación, se prefiere decir involucrado o involucrar. La frase “estar involucrado” y el verbo involucrar también significan estar enamorado o tener una relación sentimental con alguien. La frase “hacer presencia”, en todas sus conjugaciones ha remplazado a verbos tan específicos como acudir, visitar, estar, establecer, etc. Ya no se dice “El presidente visitará la frontera” sino “El presidente hará presencia en la frontera”. Ni tampoco “La policía acudió al sitio de los hechos” sino “La policía hizo presencia en el sitio de los hechos”. Otra frase que me pica es “en el marco de”. Yo necesito que un gramático me explique porque debe decirse “en el marco de la celebración”, “en el marco de la cumbre de”, “en el marco de las conversaciones de” y no en el desarrollo, durante o simplemente “en la celebración de”, “en la cumbre de, o “en las conversaciones de”. Debido a mi rampante ignorancia no veo la diferencia. Enmarcar” es otro verbo cuyo uso es muy frecuente y es responsable de frases muy trajinadas: “La ley X está enmarcada dentro de la constitución” y “Los acuerdos deben enmarcarse dentro de la legalidad”. ¿No podría ser que está contenida? ¿No es mejor decir que deben ser legales? A mi esa colección de marcos me mama. Básicamente es una palabra que desterró a sus sinónimos, principalmente, primariamente, fundamentalmente, esencialmente, etc. Me parece una traducción muy literal del adjetivo basically del inglés y aunque aparece en el DRAE no me gusta, menos la afectación con que la usan muchas personas. Se volvió una palabra fastidiosa que se utiliza a cada rato, tanto que un despistado periodista empezó su nota así: “básicamente lo básico”. Sin comentarios… Otra palabra omnipresente en los medios de comunicación es literalmente, también herencia de los gringos a través de su televisión. La gente la adoptó con gran facilidad. Uno encuentra oraciones de este calibre: “El tsunami borró literalmente a Pukeh”, “El volcán galeras literalmente rugió”, “El rio Magdalena literalmente se tragó las cosechas”, “La ira le dispara, literalmente, al hígado”. Obviamente son metáforas que no deben tomarse al pie de la letra, pues los tsunamis no borran ciudades, los volcanes no rugen, los ríos no tragan cosechas, y la ira no hace tiros, sobra el adjetivo literalmente.
Una frase que esta haciendo carrera muy rápidamente es “por parte de”. Es muy frecuente oír y ver estas enrevesadas oraciones: “La información fue entregada por parte de la fiscalía”, “El herido fue recogido por parte de una ambulancia de los Seguros Sociales”, “El gobierno espera más liberaciones por parte de la guerrilla”, “El pueblo X resistió un ataque por parte de la guerrilla”. Un joven congresista se quejaba de que “los usuarios son atropellados por parte de la Aeronáutica Civil”. Seria mejor: “Los usuarios son atropellados por la Aeronáutica Civil” o más sencillo, “La Aeronáutica Civil atropella a los usuarios”. En cada una de las oraciones anteriores (y en casi todas de este corte) debería utilizarse las preposiciones de y por. En los medios de comunicación se abusa de la voz pasiva porque los periodistas consideran elegante su uso. Titulares como “El uranio fue encontrado por una patrulla del ejército”, “Zutanito fue pedido en extradición por parte de Estados Unidos” o “Diez niños fueron mordidos por un gato con rabia” es la norma. La voz activa está despareciendo del lenguaje en los medios, aunque su uso hace frase mas precisas y cortas. Pero la idea es complicar la redacción de las noticias. Lo más preocupante es que la gente se infecto de este virus idiomático y habla como si estuviera poseída por le espíritu de un locutor o un presentador.
Otras frases de uso reciente son “se vive” y “se vivió”. Oí hace poco estos titulares: “En Suiza se vive la celebración de la Pascua de forma diferente”, “Popayán vive su Semana Santa”. ¿Por qué no utilizar en ambos casos el verbo celebrar? Les doy más ejemplos: “En Ciudad Bolívar se vivió un tiroteo”, “En altamar se vivió un rescate” ¿No es más preciso, se presentó o hubo un tiroteo? ¿O se hizo o se realizó un rescate? Más incomprensible fue un titular de un noticiero: “Les contamos como se vivió desde diferentes ángulos un incendio en Bogotá”. Y la inevitable pregunta es ¿Cómo se hace para “vivir” una situación desde diferentes ángulos? ¿Cómo “se vive” un incendio? ¿No seria más fácil decir que se vio o se registró? (la palabra correcta hubiera sido esta ultima pues se trataba de las diferentes grabaciones del incendio). Las insoportables frases “se prenden las alarmas” y “se encienden las alarmas” se usan para indicar preocupación, alarma, alerta, peligro, etc. Ahora están presentes en todas las noticias: “La muerte de un niño mordido por un gato prendió las alarmas en el departamento”. Un periodista hizo una versión muy propia y sacó el aborto “se despertaron las alarmas” (en España dicen “saltaron las alamas”). Otra nueva tara de muchos periodistas es el miedo, como el de mucha gente, a utilizar el verbo poner, lo sustituyen por colocar. Los ejemplos son infinitos, pero el peor fue cuando un presentador dijo: “Fulanito se colocó rojo de la pena”. No, por favor. Ya la gente dice que una gallina “coloca” un huevo. Lo curioso es que ambos verbos significan lo mismo.
En los temas políticos el vocabulario es más repetitivo. Quien dirige o lidera un proyecto político (o de cualquier otro orden) es “el abanderado” y las elecciones son “la fiesta democrática”. También se habla mucho de “lo fundamental”, una abstracción muy difusa que no he podido entender. En los noticieros siempre el personaje político llama o tiene el apoyo de las “fuerzas vivas” de la sociedad” para combatir “las fuerzas oscuras”. Y su preocupación es buscar “un consenso” y formular un acuerdo (o “acordar una formula”) para hacer “reformas sustanciales” en un “momento coyuntural. En todas las situaciones de orden publico se vive una tensa calma” o peor “se vive una calma tensa” y siempre “se hace un llamado a la cordura” o “se invita a la cordura”. En las eternas crisis del país alguien invita “a rodear al primer mandatario” o “a cerrar filas en torno al presidente”. Generalmente este ultimo gobierna de “cara al país” o “de cara al futuro”, rodeado de “los círculos del poder”. El asesinato de un personaje importante es “un repudiable asesinato”, “un asesinato execrable” o “un magnicidio” (la muerte de un ciudadano común no se considera así) que motiva “una exhaustiva investigación”. Todos los operativos dejan o arrojan “un balance positivo” y toda investigación “deja al descubierto” o “pone al descubierto” un montón de evidencias. En las tragedias, la escena del suceso siempre fue o es “dantesca” - pobre Dante como si el horror le perteneciera – y en ella “se vivieron momentos dramáticos”, “se vivieron momentos de terror” o “se vivieron momentos de angustia”. Un ocasional testigo de las “desgarradora escena” cuenta “un desgarrador testimonio”, “un desgarrador relato” o “una desgarradora historia.
Las instituciones, las empresas y el gobierno siempre emprenden “un ambicioso proyecto”, “un ambicioso plan” o “una ambiciosa obra” y este ultimo sostiene “una lucha frontal” contra los narcotraficantes, la guerrilla o los paramilitares, quienes son “los actores de la guerra” o “los actores del conflicto” cuando no “los grupos armados por fuera de la ley”, “los grupos armados ilegales”, o “los grupos ilegales al margen de la ley” (si son ilegales ya están al margen de la ley…). Aunque hay una versión más aparatosa”: los grupos armados organizados al margen de la ley”. Sin embargo, estas ambiguas denominaciones incluyen a bandas de extorsionistas, de atracadores callejeros, de jaladores de carros, de ladrones de casas, que no son parte de la guerra. Todo este enredo por no decir la guerrilla y los paramilitares. Los mencionados grupos “al margen de la ley” hacen “retenes ilegales” o “retenes falsos”. Y es obvio: si los grupos son ilegales lo son también sus retenes, y de falsos no tienen nada, son de verdad. En todos los noticieros siempre se habla de “la tan anhelada paz”, pues la violencia esta en su “punto álgido” y se “enseñorea” en todo el país o en todo “el territorio nacional”. Cuando un alto funcionario ( “la cabeza visible”) responde o rechaza alguna acusación o afirmación se dice que “elevó una enérgica protesta”, “elevó una enérgica nota”, “expresó su más enérgica condena” o “expresó un rechazo enérgico”. Para variar hay “declaraciones enérgicas” o “declaraciones airadas”.
Si alguien se hace famoso a través de medios ilegales, circunstancias sospechosas, o por un crimen, es llamado “el tristemente celebre”. Luego, para aclarar la frase, algún periodista sapientísimo nos recuerda que Erostrato le prendió candela al templo de Diana en Éfeso. Cuando cae la desgracia sobre una ciudad, una persona, una empresa, o lo que sea, se usa la raída frase “resurgirá de sus cenizas como el ave Fénix”. Un asesino que paga una condena es llamado “el presunto homicida” y un traficante de drogas ya condenado también es “el presunto narcotraficante” y a veces “el confeso narcotraficante” o “el “señalado narcotraficante”. Si está muerto recibe el altísimo grado de “el extinto narcotraficante”, “el ya fallecido narcotraficante” o “el ya desaparecido narcotraficante”. Y cada vez que se menciona personaje le anteponen el grado post morten. No importa que tenga quince años de muerto y todo mundo lo sepa. ¿Se podrá decir el “extinto” Aristóteles, el “extinto” Al Capone o “el ya desaparecido” Buñuel? ¿Será que hay gente que todavía no sabe que Pablo Escobar o Rodríguez Gacha ya están muertos?
En los temas culturales cuando los artistas o intelectuales se embarcan en proyectos difíciles los periodistas catalogan su trabajo de “labor quijotesca” y aseguran que “le apuestan a nueva propuesta” (ya no se dice que alguien apoya una causa o a alguien sino que “le apuesta”). En un arranque de poca originalidad las obras de los artistas son invariablemente calificadas de lúdicas, intimistas o minimalistas y las películas de “alucinantes” y sus tramas delirantes". En los programas o en las entrevistas los invitados tratan “temas puntuales” y hablan de lo “divino y de lo humano” o sino ¡“de lo humano y de lo divino”! Y cada personaje es considerado un icono o un ícono de la música, de la arquitectura, del cine, de la moda, etc. En la sección del espectáculo, para hacerle justicia a su nombre, todo es “eeeespectacular y cualquiera es “un polémico artista” o “una controvertida cantante”. O a la inversa. ¿Qué controvierten o sobre que polemizan? Sobre nada, solo venden y venden. Las emocionadas presentadoras cuentan que “hoy por hoy” el cantante Zutanito o el actor Fulanito, “se posiciona” entre los mejores del mundo y acaba de grabar un “eeespectacular video”(o de filmar una “súuuuper película”) en una famosa “isla paradisiaca - ya no las hay exóticas, menos vírgenes - donde tuvo “un recibimiento apoteósico”. De paso nos chismosean que “Zutanito esta involucrado con Zutanita” en un tórrido romance que degenera en un “sonado romance” (frase pariente de “el sonado caso”, usada para referirse a cualquier escándalo) Para enfatizar semejanzas los periodistas del espectáculo acuñaron tres frases que son repetidas hasta la saturación: “al estilo de”, “al mejor estilo de”, “y muy al estilo de”, “La serie fue hecha al mejor estilo de las de Hollywood”. “Ni que decir del ridículo periodista que para lucirse habla de las “fiestas carnestolendas". ¡Que frasecita, hay que hacer un curso para pronunciarla!
Los corresponsales de Univision y otras cadenas latinas asentadas en Estados Unidos imponen con su estereotipado estilo esquemas gramaticales que no son parte de nuestro idioma. Construyen oraciones como “la tomada embajada”, el izquierdista partido”, “el independentista ejercito de liberación nacional”, etc. Y para describir los estados de ánimo en sus noticieros (en los nuestros también) se valen de un lenguaje radial: “El papa estaba visiblemente emocionado”, “El presidente se veía visiblemente cansado”, “El congresista se veía visiblemente preocupado”. ¿Por qué insisten en reforzar con palabras las imágenes? ¿No basta con las imágenes que son tan explicitas? ¿Acaso el televidente no ve? Todavía hay muchos periodistas, algunos muy reconocidos, que llaman al agua “el preciado liquido” o “el vital liquido”. Aunque el colmo fue un locutor que utilizó las mismas frases para hablar de la sangre. En las estadísticas se utiliza un lenguaje poco específico. Son muy corrientes las frases “un significativo aumento”, “un número significativo”, “un creciente numero” o “un aumento sustancial”, sea de de aportes, de presupuestos, de agua de los embalses, de las vacunas, de policías, etc. Y existe la frase opuesta: “una rebaja sustancial de” penas, del desempleo, de la violencia callejera, etc. Para todos estos casos también se usa la frase “cifras dramáticas”. Otra nueva palabra que expresa cantidad es “jalonar”: “La hortalizas jalonaron la economía”, “El sector de las flores fue el renglón que más jalonó la economía”.